Qué ver en Sudán:

Hassan pega un frenazo en seco y nos dice que llegamos, que acá es. Acabamos de surfear unas huellas en el barro que generosamente alguien ha denominado como rutas, y todavía nos rebota la espalda a pesar de estar ya quietos. Antes fuimos a ver el río, y un hombre a quien nos presentaron como el maestro del lugar abandonó su cucha de barro para ponerse de pie, extendernos sus manos negras de mugre arcaica y decirnos a los ojos que allí, en su pueblo, podíamos quedarnos en casa de quien quisiéramos. Hace apenas un día que llegamos a Sudán, y los códigos y las promesas todavía no nos quedan en claro, pero le creemos.